-Ella es "la nueva", doctor - dijeron mientras el dueño estaba entrando en la recepción.
-"La nueva" tiene nombre - increpé, sabiendo que me estaba ganando respeto, aunque también enemigos
-"La nueva" tiene nombre - increpé, sabiendo que me estaba ganando respeto, aunque también enemigos
-Y "el doctor" también tiene nombre - dijo él con un guiño acompañado por una leve sonrisa.
Mientras nuestra penosa introductora se retiraba bufando, me informó que se llama Jorge y que lo podía tutear porque sino se siente anciano, a pesar de que lejos está de serlo.
Dicho esto, me deseó suerte y se encerró en la oficina.
Si es cierto que la primer impresión es la que cuenta, el resultado es positivo.
La tarde transcurría sin sobresaltos, como siempre. Entre atender el teléfono, dictado de cartas, mails y reportes, estaba bastante entretenida.
Si es cierto que la primer impresión es la que cuenta, el resultado es positivo.
La tarde transcurría sin sobresaltos, como siempre. Entre atender el teléfono, dictado de cartas, mails y reportes, estaba bastante entretenida.
Entrado el atardecer y poco antes de la hora del cierre él cruzó la puerta y el tiempo se detuvo.
-Tengo cita con Jorge, dígale que vino César- me ordenó- y se sentó en la sala de espera sin quitarme los ojos de encima.
Que curioso saber tu nombre después de tanto tiempo y bajo estas circunstancias -pensé.
El rayo del último sol de la tarde entraba por el ventanal dándole justo de perfil.
El rayo del último sol de la tarde entraba por el ventanal dándole justo de perfil.
Su rostro, desdibujado por las partículas de polvo que jugaban dentro del haz de luz, sólo dejaba en evidencia dos pupilas verdes que brillaban bajo unas cejas negras y tupidas.
Traté de no mirarlo fingiendo estar muy ocupada, pero no pude evitar alzar la vista.
El esperaba eso, lo sé porque me devolvió el gesto levantando una ceja mientras sus labios me dedicaban una mueca diabólica.
Esa cara casi bestial me provocó un escalofrío e hizo que percibiera su presencia maligna rondar por mis caderas, mis pechos y mi nuca para desahogarse en mis oídos con un susurro ensordecedor.
Sé que me reconoció, como yo lo reconocí a él. Espero que no le diga a Jorge de donde vengo porque perdería el trabajo.
La hora de salida llegó por fin y me liberó de la trampa, dejándome huir de allí torpemente y sin saludar a nadie.
Anoche no pude dormir. No sé si fue por el impacto de haberlo visto o por saber que no será la última vez que no alcance el sueño por su culpa.

